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Issue #004 «Las personas que quedan atrás son recuerdos que no me dejan dormir»
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Mixed media collage to illustrate complexity of situation in afghanistan, images of people in Afghanistan, evacuees and a city scape, Anthony Gerace

«Las personas que quedan atrás son recuerdos que no me dejan dormir»

Cuando el presidente Joe Biden anunció su intención inminente de retirar todas las tropas estadounidenses de Afganistán en abril de 2021, todos sabían que el país empezaba una cuenta regresiva para la toma total del poder por parte de los talibanes. Dos meses antes de que el movimiento islamista armado llegara al poder tras la retirada final de las fuerzas occidentales el 31 de agosto de 2021, me encontraba en mi casa en Nueva York y recibí una llamada telefónica que cambiaría mi vida. 

Mi amigo y compañero activista John Dautzenberg me pidió ser el patrocinador financiero de una solicitud de visa para dos jóvenes afganas y su abuela. La madre de las niñas, directora de proyectos de USAID y blanco designado de los talibanes, ya había llegado a los Estados Unidos y estaba desesperada por llevar a su familia a un lugar seguro. A pesar de las promesas oficiales de evacuar a las familias cuya asociación con el gobierno de EE. UU. las pusiera en peligro, sus solicitudes de visa anteriores habían sido rechazadas. Yo ya había patrocinado solicitudes de visa antes y no sería una tarea difícil, así que le dije que por supuesto lo ayudaría. 

A principios de agosto, se había corrido la voz de que estaba iniciando una labor de evacuación y mi teléfono comenzó a sonar con más frecuencia. Las personas con las que había trabajado en situaciones de crisis a lo largo de los años me preguntaban: «¿Tú estás involucrado en esto? Porque si es así, tengo cinco personas que realmente necesitan salir…» A medida que llegaban más y más solicitudes, quedó claro que necesitaba reunir un equipo.  

A mediados de agosto, el único bastión que quedaba de la coalición internacional era el aeropuerto. Los talibanes controlaban las calles. En este punto, no había ninguna esperanza de evacuar a las niñas a menos que me subiera a un avión y las recogiera yo mismo. 

Como el aviso oficial se dio meses antes de la retirada de EE. UU., uno esperaría un sistema de evacuaciones de eficiencia militar. En cambio, cuando aterricé en Kabul el caos y el pánico se habían apoderado de todo. He trabajado en zonas de conflicto como Siria y Somalia, pero nada se compara con las escenas de caos que presencié en el aeropuerto. Multitudes desesperadas luchaban entre sí en las entradas. Tener una visa no era garantía de salida y si tu nombre no aparecía en una lista militar oficial de los EE. UU. que tenía un soldado en una de las entradas del aeropuerto, no podías entrar. Además, nadie sabía qué soldado o en qué entrada estaba la lista específica que contenía tu nombre.  

Las niñas que estaba tratando de evacuar (la más pequeña solo tenía tres años) y su abuela estaban en medio de toda esta confusión. En este punto ya tenían sus permisos de viaje y la autorización para abordar un vuelo militar estadounidense, pero todos los días se unían a esta aglomeración humana en las puertas y terminaban siendo rechazadas. 

Días y días viviendo lo mismo causaron estragos. La niña menor colapsó por deshidratación y se le tuvo que administrar suero intravenoso en el hospital para salvarle la vida. Frente al agotamiento y la desesperación, su abuela decidió que ya era suficiente y que preferiría morir antes que enfrentarse de nuevo a la aglomeración del aeropuerto. La convencimos de intentarlo una vez más. 

 

«Todas las llamadas telefónicas y mensajes de texto frenéticos que envié a todos los contactos que tenía en Gobiernos y organismos de asistencia de todo el mundo finalmente valieron la pena»

 

La opción por la vía del ejército estadounidense claramente no iba a funcionar. Todas las llamadas telefónicas y mensajes de texto frenéticos que envié a todos los contactos que tenía en Gobiernos y organismos de asistencia de todo el mundo finalmente valieron la pena. Justo cuando todos perdían la esperanza, el 27 de agosto de 2021, cuatro días antes de que partieran las últimas tropas estadounidenses, pudimos unirnos a una misión de evacuación de Ucrania. Para entonces, mis dos niñas y su abuela se habían convertido en un grupo de 135 personas. 

Ustedes se preguntarán, ¿por qué Ucrania? Pues bien, soy una persona que siempre está dispuesta a buscar soluciones en lugares poco probables y también he aprendido que la forma más rápida de poner a la gente a salvo es, generalmente, a través de cualquier país que los reciba. Básicamente, es un país de tránsito y el verdadero trabajo de obtener asilo en los Estados Unidos, Canadá o Europa viene después. He evacuado a personas a través de Kazajstán, Irán, Albania, Grecia y Georgia, ya sea como lugar de tránsito o en busca de asilo permanente.  

Constantemente me preguntan cómo logro hacer este trabajo. Una posible razón es que puedo mantener la cabeza fría mientras todo a mi alrededor es un caos. Pero cuando vi a las niñas reunirse con su madre en la capital ucraniana de Kiev, simplemente me derrumbé y entré en llanto.  

Lamentablemente no hubo mucho tiempo para la reflexión. La misma mañana que aterrizamos mi teléfono volvió a sonar. Había un grupo de parlamentarias que necesitaba salir rápidamente de Afganistán. ¿Podría ayudarlas? 

Hasta la fecha, mi equipo y yo hemos evacuado del país a 1500 afganos vulnerables. Hemos contratado aviones privados, asegurado asientos en vuelos comerciales y viajado espontáneamente en aviones alquilados por el Gobierno. 

«Desgraciadamente, todavía recibo 200 mensajes al día de personas que dicen: “Querido Rescue Man...” ¿Qué otra opción tienes sino ayudar?» 

 

Y es una labor que está muy lejos de acabar. Desgraciadamente, todavía recibo 200 mensajes al día de personas que dicen: «Querido Rescue Man...» A veces es fácil ignorar lo que ves en las noticias, pero cuando personas cuyas vidas están en peligro te llaman y envían mensajes de texto las 24 horas del día, ¿qué otra opción tienes sino ayudar?  

El volumen de solicitudes supera lo que puedo manejar, así que no me queda otra que priorizar, por difícil que parezca. Me concentro en las personas que no tienen futuro en el actual Afganistán. Si eres una mujer policía o piloto, ¿qué puedes hacer en este Afganistán? Nada. No hay ningún futuro para ti. 

Las personas que quedan atrás son recuerdos que no me dejan dormir.  

Puede que hayamos salvado 1500 vidas, pero es una gota en el océano en comparación con las que se perderán a medida que la emergencia en Afganistán empeora más y más, semana tras semana. 

Prácticamente todo el país se enfrenta ahora a la hambruna. La economía ha colapsado. Y gran parte de la responsabilidad de esta catástrofe recae firmemente en las manos de Occidente.  

Cuando los talibanes llegaron a Kabul en agosto del año pasado, la financiación de Occidente —que constituía las tres cuartas partes de todo el presupuesto nacional— desapareció tan rápido como las tropas estadounidenses. Y con ella se fueron también los salarios de los maestros, los funcionarios y los médicos. 

Se congelaron al menos 9500 millones de dólares de activos afganos en bancos estadounidenses, lo que dejó al país sin un sistema bancario operativo. Las empresas no pueden retirar dinero para pagar suministros o salarios. Las familias no pueden acceder a sus propios ahorros para pagar los alimentos. El efectivo desapareció literalmente de los bancos. 

Hay informes de familias que han llegado a tal punto de desesperación que están vendiendo sus riñones para comprar comida. Algunos han recurrido a vender a sus hijas pequeñas y condenarlas a matrimonios forzados. Es un verdadero infierno en la Tierra. 

Según el Programa Mundial de Alimentos (PMA), 23 millones de afganos —más de la mitad de la población— no reciben una alimentación suficiente. David Beasley, director del PMA, le dijo a la BBC en noviembre de 2021 que esta es «la peor crisis humanitaria del mundo». En enero de 2022, las Naciones Unidas hicieron un llamamiento de emergencia para recaudar 5000 millones de dólares, el mayor destinado a un solo país, hasta la fecha. Advierte que un millón de niños corre el riesgo de morir de forma inminente.  

«Nadie aprueba la vil opresión de las mujeres y los abusos de los derechos humanos por parte de los talibanes, pero no podemos condicionar el apoyo humanitario»

 

Es tristemente irónico que los civiles afganos estén siendo castigados dos veces. En primer lugar, por ser gobernados por los talibanes y toda su brutalidad cargada de fanatismo, y en segundo lugar por Estados Unidos y sus aliados occidentales, por vivir bajo dicho régimen. Y aquí tenemos que dejar algo claro: las sanciones destinadas a atacar a los talibanes en realidad están llevando a la hambruna a millones de personas comunes y corrientes.  

Nadie aprueba la vil opresión de las mujeres y los abusos de los derechos humanos por parte de los talibanes, pero no podemos condicionar el apoyo humanitario. Hay millones de vidas en juego. 

El presidente Biden prometió en agosto que la retirada de Estados Unidos de Afganistán no significaría el fin del apoyo de Estados Unidos al pueblo afgano. Ahora, mientras el país se encuentra al borde de la hambruna masiva debido a las sanciones estadounidenses, estas palabras parecen vacías.  

Entonces, ¿cuáles son las medidas de emergencia que debe tomar Biden?  

  • Descongelar las reservas extranjeras para que los ciudadanos afganos puedan acceder al dinero para pagar los alimentos y las empresas puedan pagar a los empleados.  
  • Aplicar sanciones que apunten a los actores del mal y no a las instituciones. Castigar a los talibanes no significa permitir que los niños mueran de hambre.  
  • Aumentar la ayuda monetaria como asunto de máxima urgencia y dar a los bancos la claridad jurídica para permitir que los organismos de asistencia accedan al efectivo. 
  • Comunicar estos cambios en las sanciones de forma clara e inequívoca para que los bancos no se preocupen por las repercusiones del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos.  
  • Acelerar las solicitudes de asilo de los afganos que viven en el limbo alrededor del mundo y proporcionar un salvoconducto para quienes corren un riesgo mayor dentro de Afganistán. 

 

Por las malas, he aprendido que los Gobiernos son incompetentes a la hora de ser proactivos. Pero sí reaccionan ante la presión y es ahí donde entramos nosotros. 

Estas son 5 formas con las que todos podemos marcar la diferencia en este momento:  

  1. Si tienes mucho dinero, financia tu propio avión chárter para evacuados. ¡Yo puedo ayudar con esto! Comunícate conmigo en la dirección de correo electrónico que encontrarás al final de este artículo. 
  2. Usa tu poder de voto. Escríbeles a tus representantes electos. 
  3. Haz llamadas telefónicas. Llama a los medios de comunicación locales. No ignores este problema; las vidas del pueblo afgano están en juego.  
  4. Si asistes a una institución educativa, ya sea como estudiante o maestro, moviliza a tu clase para escribirle a tu representante electo pidiéndole que apoye una solicitud de asilo para una maestra o activista de Afganistán. Puedo ayudarte a ponerte en contacto con las personas indicadas.  
  5. Haz una donación al Fondo Humanitario para Afganistán de las Naciones Unidas. 

No hay tiempo que perder. Manos a la obra.  

Amed Khan es un defensor de los derechos humanos, activista político y filántropo. Si deseas contribuir con las labores de evacuación en Afganistán o quieres recibir consejos sobre cómo desarrollar tu propio plan de activismo ciudadano, comunícate con Amed en [email protected]. 

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